La Casa de Piedra
Casa de piedra añosa y recatada, de anchos muros que guardan lejanos secretos, escondidos entre sus piedras, mezclados con la levadura del tiempo.
Místicas golondrinas perpetúan su presencia en medio de un juego amoroso de vuelos sobre sus tejados, mientras un pájaro carpintero se empeña en grabar su nombre, La Cuncunga, sobre el tronco del viejo ombú.
Jazmines y rosas perfuman su entrada.
La Santa Rita extiende sus ramas en una eterna oración, mientras trepa al cielo.
La higuera, legendaria y gris, les ofrece sus dulces bayas de corazón dorado, mientras que el ciruelo se inclina reverente colmado de frutos rojos y jugosos.
Hasta el vetusto y mutilado duraznero, comenzó a sonreír lleno de optimismo al ver tanta complicidad amorosa a su alrededor, y se animo a comenzar una nueva vida junto a ellos, brindándoles sus pequeños y afelpados duraznos.
Mejorana, romero y menta, todas hierbas buenas, perfuman el aire rodeando al cederrón.
Vacas, corderos, caballos y terneros, llegan desde lejos rodeándonos en esta navidad,
y donde un cielo de terciopelo cuajado de luces, nos abriga durante la Noche Buena.
Es que ha llegado el Niño por todos esperado; se abre un futuro cargado de promesas y de sueños, por muchos deseado.
Su madre lo acuna, lo mima, lo mira y suspira diciendo entre beso y beso:
¡Ayy, por Dios!... ¡Que lindo es!
.
Y yo, desde este rincón, muda y casi invisible testigo de la escena y todo su entorno, inclino reverente la cabeza, con ojos nublados por la dicha.
La Cuncunga / Montevideo / Diciembre 2002
Stella
Místicas golondrinas perpetúan su presencia en medio de un juego amoroso de vuelos sobre sus tejados, mientras un pájaro carpintero se empeña en grabar su nombre, La Cuncunga, sobre el tronco del viejo ombú.
Jazmines y rosas perfuman su entrada.
La Santa Rita extiende sus ramas en una eterna oración, mientras trepa al cielo.
La higuera, legendaria y gris, les ofrece sus dulces bayas de corazón dorado, mientras que el ciruelo se inclina reverente colmado de frutos rojos y jugosos.
Hasta el vetusto y mutilado duraznero, comenzó a sonreír lleno de optimismo al ver tanta complicidad amorosa a su alrededor, y se animo a comenzar una nueva vida junto a ellos, brindándoles sus pequeños y afelpados duraznos.
Mejorana, romero y menta, todas hierbas buenas, perfuman el aire rodeando al cederrón.
Vacas, corderos, caballos y terneros, llegan desde lejos rodeándonos en esta navidad,
y donde un cielo de terciopelo cuajado de luces, nos abriga durante la Noche Buena.
Es que ha llegado el Niño por todos esperado; se abre un futuro cargado de promesas y de sueños, por muchos deseado.
Su madre lo acuna, lo mima, lo mira y suspira diciendo entre beso y beso:
¡Ayy, por Dios!... ¡Que lindo es!
.
Y yo, desde este rincón, muda y casi invisible testigo de la escena y todo su entorno, inclino reverente la cabeza, con ojos nublados por la dicha.
La Cuncunga / Montevideo / Diciembre 2002
Stella
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