SEDUCCION
Era aun una adolescente de 16 años, una niña aun con pretensiones de mujer, cuando descubrió el verdadero significado de la palabra seducción.
Sabía que no era linda, su nariz un poco grande, hacía que su perfil perdiera la gracia que naturalmente embellecen a otras mujeres….y ahora, esa tarde le dijeron que era seductora.
Fue Isola, joven ya maduro y sin intenciones de conquista quien se lo aseguró, cuando ella se molesto cuando por segunda vez le dijo linda. Esta bien, esta bien, pero en todo caso la feita mas linda del mundo.
(Años mas tarde, esa frase se la diría otro joven, que llegaría a ser su marido)
Es mas, le explico el porque de su atractivo y la atracción que ejercía su persona, en aquellos oficiales jóvenes que solían rodearla. Contigo se sienten tranquilos, le dijo, sin darse cuenta del peligro que corren, pues no ven en ti “deseos de conquista”, eres la compañera ideal.
Y ¿donde esta el peligro, donde la seducción?, pregunto ella.
Justamente en esto, dijo Isola riendo, eres divertida, simpática, seductora y bajando la voz como secreteando, naturalmente ingenua… aunque a veces lo dudo, como ahora.
Y se la quedó mirando con una sonrisa mientras ella soltaba esa franca y corta carcajada tan suya que le hacía llevar su cabeza hacia atrás.
Entonces le explicó. Tu simpatía esta en tu risa espontánea, en tu carcajada; tu ingenuidad y seducción, en como miras a veces, en la profundidad de tus ojos, en ese mohín que haces cuando los bajas… no es necesario ser una belleza para seducir o para atraer a un hombre. De modo que ya lo sabes, no pierdas nunca esa “ingenuidad” tan natural que tienes.
Isola era un amigo de la familia, casi cuarentón, sin mujer ni novia aparentemente, jugador de golf empeñado en que ella lo aprendiera y aquella conversación fue una tarde en el club. También le dijo que era famosa entre los oficiales, por sus piernas: tienes las piernas mas lindas de todas las chicas, ojo!..., usa siempre tacos altos.
Beatrice no se lo creyó demasiado, pero le gustó y decidió seguir su consejo: no perder su ingenuidad….jajaja. Después de todo, ser ingenua no era ser tonta, se dijo, la realidad estaba en no demostrar sus sentimientos de atracción por aquellos viriles centauros que solían estar con ella. En cuanto a lo de sus ojos, su mirada, ya lo había notado, aunque no había sido intencionalmente... sería “eso” a lo que Isola llamaba seducción?, y decidió hacer la prueba.
Ese sábado había fiesta en el hotel. Su grupo se preparaba y ella pensaba en si vería a Luis. Ya en plena fiesta junto a su grupo acostumbrado, recordó lo que se había propuesto pensando en ese primer amor que para ella era Luis. Comenzó a recorrer con la mirada a todos los grupos que se hallaban en el salón, cuando descubrió a alguien que había visto algunas veces y con quien no había hablado nunca. Su mirada se detuvo. Él fumaba y conversaba con sus camaradas, relajado, animadamente. De pronto, al girar su cabeza sus ojos se encontraron a través del humo de su cigarrillo y Beartice clavo literalmente los suyos en los de él por unos segundos, enseguida “el mohín”, sonriendo ladeo la cabeza y bajó los ojos, desviando la mirada hacia el centro de su grupo. Él seguía mirándola,…. ella olvido su proyecto de conquista.
Después de un par de horas, el ritmo de la música había cambiado, cuando alguien a su espalda la invitaba a bailar. Me dice Desimone que baila muy bien el tango, soy Suárez del Cerro dijo presentándose, y extendiendo su mano saludando en general y la sacó a bailar, mientras sin proponérselo, comenzó a reír sinceramente, mientras él comenzaba a tomarla por la cintura. Desde entonces fue su pareja de baile, sobre todo en tango, ya que formo parte del grupo. Esa noche, ya en casa se decía entre risas ¡funcionó, funcionó! …
Sabía que no era linda, su nariz un poco grande, hacía que su perfil perdiera la gracia que naturalmente embellecen a otras mujeres….y ahora, esa tarde le dijeron que era seductora.
Fue Isola, joven ya maduro y sin intenciones de conquista quien se lo aseguró, cuando ella se molesto cuando por segunda vez le dijo linda. Esta bien, esta bien, pero en todo caso la feita mas linda del mundo.
(Años mas tarde, esa frase se la diría otro joven, que llegaría a ser su marido)
Es mas, le explico el porque de su atractivo y la atracción que ejercía su persona, en aquellos oficiales jóvenes que solían rodearla. Contigo se sienten tranquilos, le dijo, sin darse cuenta del peligro que corren, pues no ven en ti “deseos de conquista”, eres la compañera ideal.
Y ¿donde esta el peligro, donde la seducción?, pregunto ella.
Justamente en esto, dijo Isola riendo, eres divertida, simpática, seductora y bajando la voz como secreteando, naturalmente ingenua… aunque a veces lo dudo, como ahora.
Y se la quedó mirando con una sonrisa mientras ella soltaba esa franca y corta carcajada tan suya que le hacía llevar su cabeza hacia atrás.
Entonces le explicó. Tu simpatía esta en tu risa espontánea, en tu carcajada; tu ingenuidad y seducción, en como miras a veces, en la profundidad de tus ojos, en ese mohín que haces cuando los bajas… no es necesario ser una belleza para seducir o para atraer a un hombre. De modo que ya lo sabes, no pierdas nunca esa “ingenuidad” tan natural que tienes.
Isola era un amigo de la familia, casi cuarentón, sin mujer ni novia aparentemente, jugador de golf empeñado en que ella lo aprendiera y aquella conversación fue una tarde en el club. También le dijo que era famosa entre los oficiales, por sus piernas: tienes las piernas mas lindas de todas las chicas, ojo!..., usa siempre tacos altos.
Beatrice no se lo creyó demasiado, pero le gustó y decidió seguir su consejo: no perder su ingenuidad….jajaja. Después de todo, ser ingenua no era ser tonta, se dijo, la realidad estaba en no demostrar sus sentimientos de atracción por aquellos viriles centauros que solían estar con ella. En cuanto a lo de sus ojos, su mirada, ya lo había notado, aunque no había sido intencionalmente... sería “eso” a lo que Isola llamaba seducción?, y decidió hacer la prueba.
Ese sábado había fiesta en el hotel. Su grupo se preparaba y ella pensaba en si vería a Luis. Ya en plena fiesta junto a su grupo acostumbrado, recordó lo que se había propuesto pensando en ese primer amor que para ella era Luis. Comenzó a recorrer con la mirada a todos los grupos que se hallaban en el salón, cuando descubrió a alguien que había visto algunas veces y con quien no había hablado nunca. Su mirada se detuvo. Él fumaba y conversaba con sus camaradas, relajado, animadamente. De pronto, al girar su cabeza sus ojos se encontraron a través del humo de su cigarrillo y Beartice clavo literalmente los suyos en los de él por unos segundos, enseguida “el mohín”, sonriendo ladeo la cabeza y bajó los ojos, desviando la mirada hacia el centro de su grupo. Él seguía mirándola,…. ella olvido su proyecto de conquista.
Después de un par de horas, el ritmo de la música había cambiado, cuando alguien a su espalda la invitaba a bailar. Me dice Desimone que baila muy bien el tango, soy Suárez del Cerro dijo presentándose, y extendiendo su mano saludando en general y la sacó a bailar, mientras sin proponérselo, comenzó a reír sinceramente, mientras él comenzaba a tomarla por la cintura. Desde entonces fue su pareja de baile, sobre todo en tango, ya que formo parte del grupo. Esa noche, ya en casa se decía entre risas ¡funcionó, funcionó! …
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