Los unos y los otros

Cuentos y relatos de ficción,anecdotas familiares. De todo un poco, algunos amigos tamién han colaborado... por eso lo de "Los unos y los otros"

Wednesday, June 28, 2006

DOS AMIGAS



MATILDE Y BEATRIZ

Matilde y Beatriz fueron amigas de toda la vida.
En su momento cada una fue testigo del casamiento, de la otra.
Ambas vivían de pequeñas a pocos metros la una de la otra,
ya que sus familias tenían sus casas en esa misma cuadra
ancha y señorial, bordeada de por grandes y añosos árboles,
cercana a la hermosa plaza de las Barrancas de Belgrano, que
en aquel entonces tenía una pérgola a la solía ir los días de fiesta,
una banda, tal vez municipal, a tocar mientras ellas correteaban
a su alrededor o bien iban a la hermosa calesita que hacia dar vuelta
un caballo blanco.
También, esa plaza y esa pérgola, fueron testigas silenciosas de encuentros
amorosos, tan románticos como ingenuos.
Naturalmente, fueron al mismo colegio y tuvieron el mismo grupo de amigos.
Matilde era hija única, mimada y consentida por un padre con mucho
dinero que la adoraba y a la que le enseño a manejar a muy temprana edad.
Ambas se fueron haciendo mujeres poco a poco, sin ellas notarlo demasiado.
Matilde no era precisamente una belleza, pero su encanto y atractivo
estaba en el hermoso color rubio ceniza de su cabello lacio, que no cambio
nunca ni a los 70 años, ( jamás tuvo una cana) y en sus ojos grises, que
brillaban y abría desmesuradamente cuando contaba algo o mostraba las
llaves del auto de su padre, haciéndolas sonar como un sonajero,
mientras sacudía la cabeza y reía pícaramente.
¡ Era, farra en puerta ¡
Beatriz, esbelta como ella pero mas bajita, de cabellera larga y ondulada,
oscura como sus ojos, era su gran preocupación, no sabiendo como
peinar sus rulos, haciéndose siempre extraños y exóticos peinados al
estilo “art nouveau” tan de moda a mitad de los 40, o sujetándolos con
lazos o hebillas de carey.
Matilde siempre con el último grito de la moda, una tarde corto su
cabello rubio cortito “tipo garzón” o caree como dicen ahora,
todo un desafío en ese momento ya que solo se comenzaba a usar en
Europa, imitando a los años 20 y siguió así, con su cabello corto y rubio
ceniza hasta el fin.
El grupo de amigos se formo ya en la adolescencia, durante una
fiesta de 15 años de una compañera a la que también habían ido
un grupo de cadetes tanto militares como de la marina.
Allí comenzó a forjarse el futuro de ambas amigas.
Era natural que entre tantos uniformes surgiera algún romance.
De hecho surgieron varios, para que lo vamos a negar.
Matilde se enamoro de un buen mozo alto de 4º año y Beatriz de otro
compañero del anterior, mientras que una compañera lo hizo de un militar.
con quien se caso a los pocos años.
La gran aventura era ir los sábados a las 20 hs. en el auto de Matilde a
la estación Palermo a esperar a los cadetes que llegaban de licencia, llevarlos
a sus casas para que se cambiaran el uniforme mientras las chica los
esperaban en la antigua y famosa confitería de Cabildo y Juramento
“Modern Saloon”, bebiendo cerveza y comiendo masas de chocolate,
para luego ir al cine con los galanes.
Fue entonces, cuando teniendo Beatriz 16 años, se fue con sus padres
diplomáticos al extranjero, después de haber cambiado varias veces de
novio y de “uniformes”, mientras Matilde cumpliría con su sino trágico.
Su noviazgo continuo y luego de dos años y ya recibido de guardiamarina
su novio marino, en una misión a la Antártica, muere en un accidente trágico.
Es “decapitado” por el aspa del helicóptero que lo había llevado.
Para todo esto Matilde siempre tuvo un enamorado desde pequeña.
El primo de otra amiga, vecina y compañera de ambas, al que Matilde no
podía ni ver y que estudiaba medicina. Eduardo, al tanto de lo que eran
las andanzas y enamoramientos de las amigas de su prima, no se preocupaba,
estudiaba, y jamás era invitado a las reuniones de turno, pero siempre decía al
que lo quería oír, que él era quien se iba a casar con Matilde.
Pasaron los años, Beatriz en los EE.UU. y Matilde con nuevo novio, un
militar destinado en Catamarca que al venir a Buenos Aires durante una
licencia en tren, murió al caer entre dos vagones al desprenderse entre
ellos cuando él pasaba.
Si bien los años pasaron ambas amigas continuaban unidas, por sus
cartas y en estas, sus confidencias.
Ambas habían estado enamoradas, ambas habían perdido trágicamente
a sus primeros amores y ambas soñaban con un día tener una familia.
La primera en casarse fue Beatriz a poco de regresar a la Argentina,
donde Matilde la sorprendió con una noticia,
estaba nuevamente de novia, pero sus ojos habían perdido su hermoso
brillo. El novio no era otro que Eduardo, el enamorado paciente, ya
medico desde hacia unos años y al que ella “aparentemente” quería
Sí, quería, pero no amaba ni amo nunca. Se caso mientras Beatriz
estaba esperando a su segundo hijo.
Matilde tuvo dos hijos preciosos, que fueron la luz de sus ojos.
Las amigas siempre en contacto, no se veían como antes ya que la vida
de casadas y por la ocupación se sus maridos que las tenían alejadas.
Beatriz recordara siempre la elegancia de Matilde incluso con el pasar
de los años, siempre a la moda, siempre con esa cabeza impecable
con una silueta realmente envidiable y con ese corte tan personal.
El día del casamiento de uno de sus hijos, sorprendió a todos .
Delgada, con un vestido a media pierna de terciopelo negro al cuerpo,
seductor escote y un largo collar de perlas, con un pequeño tocado
bordado y un tul negro que apenas rozaba su frente sobre esa hermosa
cabeza, con pose de aristócrata, consiguió que se la alabara mas a ella
que a la novia.
Eduardo consiguió convencerla de que se casara con él, pero nunca
consiguió que lo amara, trato de darle lo que quisiera pero nunca la
hizo feliz. Nunca fueron felices.
Un día, con sus hijos ya casados, sumido en una gran depresión Eduardo
se suicida mientras ella no esta en casa, de una manera terrible.
Matilde siempre se culpo de esa muerte y a los pocos años le descubren
un cáncer de mamas que superó afortunadamente, pero del que no se repuso nunca.
El 12 de junio de 2006 murió, y como si fuera una ironía, mientras peinaba su
hermoso cabello rubio ceniza frente al espejo de su baño.
Beatriz, siempre la recordara como aquella tarde que con 20 años, la
viera salir de la peluquería Pino con su corte a la “garzón”, adoptando la
nueva moda del momento.

Junio 2006-06-25

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